Grado Octavo.



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ANTIGUO REGIMEN E ILUSTRACION.
LA BURGUESIA.

La época que va desde los siglos V al X constituyó para Europa un período de guerras, invasiones y acomodamientos sociales, que consolidaron el orden feudal. En los siglos X y XI, se experimentó una relativa estabilidad al interior de la sociedad feudal, que sumada a la expansión agrícola, posibilitaron el renacimiento del comercio y la producción artesanal.
El renacimiento comercial produjo una nueva forma de riqueza, la riqueza mobiliaria, la cual originó la burguesía, un nuevo grupo formado por mercaderes y algunos siervos que escaparon del campo y de las expresiones feudales para organizar villas, reviviendo la vida urbana. Fue tal la importancia que adquirió la burguesía en Francia, participó en los Estados XIV, XV y XVI.
Para el siglo XVIII, la burguesía dominaba el comercio, la manufactura, participaba de la burocracia en los diferentes estados absolutistas y su dinero financiaba a la insolvente nobleza y monarquías europeas, de manera que entró a disputarle el poder, apoyándose en los sectores populares y en algunos aristócratas que no compartían la política de las monarquías absolutistas. 

¿Qué es una revolución?  

La historia de la humanidad se ha caracterizado por las transformaciones en las formas de vida de las sociedades. El ritmo de estas transformaciones suelen ser bastante lento, pero algunas veces suele acelerarse y, en poco tiempo, se producen cambios de todo tipo, que dan lugar a una sociedad totalmente distinta; a estas alteraciones profundas y bruscas se conoce como revoluciones.
Entre 1.774 y 1.848, Estados Unidos y Europa Occidental vivieron innovaciones radicales en su economía e instituciones políticas, que acabaron con el Antiguo Régimen y dieron lugar a una sociedad distinta. La burguesía fue protagonista principal en este proceso, porque lideró diferentes cambios en la sociedad, con el fin de impulsar su desarrollo y eliminar las trabas en los siguientes aspectos:
En lo económico: la dificultad para vender y comprar las tierras, por el monopolio de la iglesia y la nobleza sobre estas propiedades; las abundantes aduanas internas que impedían la expansión de la industria y el comercio; y la organización cerrada de los gremios que frenaban la producción de diferentes artículos de consumo.
En el plano social, la gran disparidad entre los diversos grupos sociales organizados en estamentos casi fijos y no gozaban de igualdad ante la ley.
En el campo político; los estados absolutistas y las monarquías no reconocían la igualdad de las personas ante la ley, la representación política de los diferentes grupos sociales, la división de poderes  y la libertad de industria y comercio.

Las revoluciones burguesas.

Los diversos cambios que promovieron la burguesía y su ascenso al poder de los estados a finales del siglo XVIII y durante la primera mitad del siglo XIX, constituyen el proceso conocido como las revoluciones burguesas. Dichas revoluciones se sustentaron en la Ilustración y el liberalismo, ideas surgidas desde el siglo XVII, pero que en los siglos XVIII y XIX alcanzaron su maduración y concreción.

La Ilustración. 

Fue un movimiento intelectual que predominó durante el siglo XVIII en las sociedades europeas, defendido, entre otros, por pensadores como Montesquieu, Diderot, Rousseau, D’alambert, Voltaire, quienes exaltaron que la razón y la ciencia serían los elementos a través de los cuales el ser humano alcanzaría la felicidad, y no mediante la fe religiosa como lo afirmaba la iglesia. La palabra ilustración significo luz y razón contra la oscuridad.
Como los filósofos ilustrados estaban convencidos de que el progreso de las ciudades dependía de la educación, la ciencia y la razón, crearon la enciclopedia, con el fin de recopilar los avances del pensamiento y plantearon algunos cambios al interior  de los estados absolutistas, pero sin tener en cuenta a las masas, porque consideraban que sólo las personas ilustradas estaban en capacidad de gobernar a las desposeídas y sin educación.
Pese a que buena parte de los filósofos ilustrados participó en las monarquías del Antiguo Régimen, sus ideas sobre la razón, los derechos naturales, la ciencia y el progreso, fueron utilizadas por la burguesía en las revoluciones burguesas. 

El liberalismo. 
   
La ideología liberal buscaba el reconocimiento de los derechos naturales de las personas ante la ley, la libertad de comercio, de industria, la división de poderes, la representación en el gobierno de los diferentes sectores sociales, el ejercicio de las libertades personales, como el de prensa, palabra, reunión, asociación, validez de las constituciones escritas y las leyes para controlar el poder y evitar excesos de los gobiernos y los estados.
Al interior del liberalismo se distinguieron dos tipos:

·         El liberalismo político, que partió de la concepción de que la sociedad fue creada por un contrato hecho por todas las personas que la componen y no por Dios, de quien decían los nobles y monarcas que les había delegado el poder. Si la sociedad era producto de un contrato, entonces la sociedad tenía derecho a gobernarse por sí misma, a ejercer su soberanía y si bien podía llegar a aceptar el mandato de un rey, el poder de este debía estar controlado por ciudadanos y no por súbditos ni vasallos. De manera que los diferentes grupos sociales que conformaban la sociedad, la nobleza, la burguesía, el clero, el campesinado y los trabajadores de diferentes oficios, deberían tener las mismas oportunidades políticas y sociales, a través de la igualdad ante la ley y la representación ante el Estado.

·         El liberalismo económico, desarrollado especialmente por pensadores ingleses como Adam Smith, Robert Malthus y David Ricardo, concibió la libertad en todas sus formas como garantía de crecimiento económico. Si los individuos gozaban de libertad, era posible que pudieran trabajar en los oficios en los que se sintieran competentes, a cambio de un salario; los bienes se podrían comprar y vender sin restricciones, todos los individuos que estuvieran en capacidad de hacerlo podrían crear industrias y comerciar sin trabas de ningún tipo. 

Todo lo anterior permitiría el desarrollo de la economía y el aumento de las ganancias; a su vez, la libertad de la mente abriría las posibilidades para la investigación y los descubrimientos científicos, lo que redundaría en el crecimiento económico. La visión del mundo que defendió la burguesía en su ascenso fue presentada a los diferentes grupos sociales del Antiguo Régimen, en especial a los pobres, como la ideología que satisfacía las expectativas y el interés general de todos los miembros de la sociedad.
No obstante, las revoluciones de finales del siglo XVIII y XIX fueron tan complejas, que en ellas mismas, los burgueses se vieron enfrentados a los grupos sociales, como la pequeña burguesía y los proletarios que estaban apareciendo, que los acusaban de ser responsables de consolidar un sistema social tan injusto como el del Antiguo Régimen. Las corrientes radicales se generalizaron en el siglo XIX, y se manifestaron a partir de las luchas de los sectores populares contra la burguesía.

Inglaterra: Crecimiento económico notable gracias al activo comercio con sus colonias y el paso de la producción artesanal tradicional a un sistema manufacturero, que generalizó las relaciones de trabajo asalariadas. La burguesía entre 1.640 y 1.660, pacto con la nobleza una monarquía parlamentaria, con representación compartida y sin participación popular.
Las trece colonias: A finales del siglo XVIII, los colonos de las trece colonias del este de Norteamérica liderados por los burgueses, se sublevaron contra las restricciones  económicas y políticas inglesas e instauraron un régimen que les permitió desarrollar sus negocios en diferentes lugares del mundo sin ningún obstáculo. (Video: Las trece colonias documentales)
Francia: Tenía una economía débil por la proliferación de pequeños productores, tanto en el campo como en la ciudad, y la abundancia de restricciones aduaneras  impuestas por la nobleza que impedían la unificación del mercado. Políticamente el gobierno absolutista y centralizado daba participación a la burguesía. Francia acabó con el Antiguo Régimen, liderado por la pequeña burguesía, así como por los pobres de las ciudades. Además se convirtió en el modelo clásico de la revolución política  para Europa entre 1.789 y 1.848.
Europa Oriental y Central: Eran diferentes del resto de Europa, con una burguesía escasa y débil, con gran dispersión de reinos y altos tributos feudales sobre la numerosa población campesina, como sucedía en Austria, Prusia y Rusia. Las revoluciones en estas regiones sucedieron entre 1.815 y 1.848, bajo la influencia de la revolución francesa. La mayoría fracasó por la represión que desató la nobleza; sólo se consolidaron los procesos burgueses en Italia y Alemania tras su unificación, en la segunda mitad del siglo XIX.

TALLER 1.
1. Explica los procesos a través de los cuales la burguesía llegó a tener una posición tan importante en las sociedades del Antiguo Régimen.

2. ¿Cuál fue el aporte de la Ilustración a las revoluciones burguesas?

3. ¿Qué papel jugaron los sectores populares en las revoluciones burguesas?

4. De acuerdo con el concepto de liberalismo ¿Consideras que Colombia actualmente es una sociedad liberal? Explica tu respuesta.

Lea el siguiente texto y resuelva las preguntas que aparecen al final.
Uno de los procesos que más impacto ha causado en el mundo y en América Latina en los últimos años es la rebelión de los zapatistas en México. Este es un movimiento compuesto en su mayor parte, por indígenas Mayas del estado de Chiapas, región de Yucatán. Afirman ser revolucionarios en el sentido estricto de la palabra al defender principios como la dignidad humana, las elecciones honradas, la tierra que habitan, con el fin de que los Mexicanos y los diferentes pueblos del mundo tomen conciencia de la importancia  que a través de la paz y la democracia, se consigan los objetivos de justicia  y libertad que necesita la humanidad para sobrevivir.
5. ¿Qué razones dan los zapatistas mexicanos para declararse revolucionarios?

6. ¿Qué relación encuentras entre los principios que defienden los zapatistas mexicanos y las revoluciones burguesas que cambiaron el panorama de occidente durante  la primera mitad del siglo XIX?

Acontecimientos de 1.789 que desencadenaron la revolución francesa.

Las tensiones sociales existentes en Francia estallaron de manera radical, debido a una grave crisis económica que tuvo su punto culminante en 1.789, y ayudó a que el descontento de la población se generalizara por el déficit en la producción de alimentos, y el encarecimiento de los productos básicos. Las cosechas venían mal desde 1.785, la producción industrial y los salarios bajaron bruscamente mientras que el costo de vida subió en 1.789 entre el 100 y 200%.

La baja en la producción industrial se debió a la pérdida del poder adquisitivo, sobre todo de la población pobre. La víspera del 14 de julio de 1.789, el presupuesto de los sectores populares para comprar pan pasó del 58% al 88% lo que dejaba sólo el 12% para los demás gastos. La carestía generó desempleo, miseria, mendicidad, vagabundeo y desestimulo la producción de los diversos sectores de la economía.
Durante el siglo XVIII, hubo un gran crecimiento de las ciudades por efecto de la migración de campesinos hacia la ciudad y el aumento natural de la población. Esta situación dificultó aún más el abastecimiento de los alimentos y ayudó al alza de los precios, al provocar una mayor demanda de los alimentos.

La monarquía francesa enfrentaba grandes dificultades financieras, debido al apoyo que brindó a las colonias norteamericanas y a la guerra con Inglaterra, lo que dejó en mal estado el presupuesto; los impuestos indirectos no alcanzaban para cubrir los gastos, por lo que fue necesario gravar con impuestos directos a todos los propietarios sin excepción; a lo anterior se agregaba que la corte gastaba mucho dinero en lujos y fiestas y los gastos del estado francés eran mayores que sus ingresos.
La crisis financiera provocó a su vez, un enfrentamiento político entre la monarquía y la aristocracia, por lo que el ministro de finanzas Loménie de Brienne, reunió el 1° de mayo de 1.789 a los estados generales. Estos constituyeron tres órdenes con el mismo número de representantes y voto separado. Su objetivo era hacer unas nuevas reglas de juego para Francia, a través de una constitución.
La burguesía tomo la vocería del tercer estado desde ese momento. Sus peticiones básicas fueron abolir los privilegios aristocráticos, los tres estados feudales y establecer la igualdad civil. Las condiciones económicas, sociales y políticas del momento llevaron a que el tercer estado se enfrentara a la nobleza y la monarquía.

Los sectores populares por su parte, empujaron a la burguesía a la revolución para que ejerciera una gran presión sobre los nobles, a quienes culpaban de la carestía de la vida y de un complot que quería perjudicarlos.

La revolución se inició con la toma de la Bastilla el 14 de Julio de 1.789; esta jornada se explicó, en buena medida por el hecho de que el pan alcanzó un elevado precio ese día. Desde ese momento los miedos e iras mutuos determinaron buena parte de las acciones de la revolución: los pobres temían y se resentían contra los nobles y los ricos; la aristocracia y la gran burguesía, a su vez, le temían al pueblo, porque consideraban que si en él iba a residir el poder, el gobierno y la nación caerían en el caos y el desorden.
Como producto del miedo el pueblo se armó para defenderse, pero también, invadido de un sentimiento confuso de justicia popular, se dedicó al pillaje, incendio de castillos, asesinato de nobles y robos. La burguesía en un comienzo, estuvo de acuerdo con la ira popular; no obstante, fue organizando una milicia burguesa, la cual se armó con un doble objetivo: por un lado, evitar el ataque de las milicias del rey a Paris, y por otro, contener la ira popular.

Con la toma de la Bastilla, se derrocó el Antiguo Régimen y se organizó en Paris una Asamblea de Electores y una democracia directa. En los diferentes barrios, se crearon clubes políticos y organizaciones populares conocidas con el nombre de comunas. Uno de los clubes más conocidos fue el de los jacobinos, denominados la Sociedad de Amigos de la Constitución.


La Primera República (1.792-1.793)

Aunque la monarquía y la nobleza participaron en la Asamblea Constituyente, la nobleza no se resignó a tener a tener un papel secundario en la sociedad francesa y empezó a intrigar en el exterior, para derrocar al nuevo gobierno. La constitución civil del clero dio un carácter anticlerical al proceso. Para resolver la crisis económica, la Asamblea nacionalizó y puso en venta los bienes de la iglesia, comprometiéndose a sostener el culto y pagar sueldo a obispos y sacerdotes. Para ello suprimió las comunidades religiosas, reglamentó el número de obispados y parroquias, y dispuso que el clero fuera elegido por los ciudadanos. El papa condenó esta constitución civil del clero, la inmensa mayoría del clero francés no lo acepto y el monarca, que era profundamente católico, huyó de París pero fue detenido cerca de la frontera y suspendido en sus funciones por la Constituyente. Esta frustrada fuga hizo impopular al rey.
La monarquía se unió a la conspiración; y en junio de 1.791, Luis XVI y su familia intentaron huir al extranjero, pero fueron detenidos en Varennes, acusados de traición a la patria.
En contraposición a la monarquía, se afianzo en el republicanismo, que partió del principio de que los asuntos públicos debían ser manejados por el pueblo, porque este era fuente de poder y autoridad, no Dios ni los monarcas; y los reyes que abandonaban a su pueblo, como lo pensaba hacer Luis XVI, perdían el derecho a la lealtad de sus súbditos. Aprovechando la crisis provocada en Francia por la conspiración de la monarquía y sus simpatizantes en Europa, Inglaterra, Austria y Prusia iniciaron una invasión con ayuda de los nobles franceses que estaban en el exterior; unos 300.000 franceses emigraron entre 1.789 y 1.795.
En abril de 1.792, la Asamblea Legislativa declaró la guerra a Austria y a sus aliados; al mismo tiempo, llamó a voluntarios a la guerra, a cuyo llamado acudieron especialmente, los pobres de las ciudades que, mal alimentados y abastecidos, derrotaron en septiembre del mismo año a los prusianos.
Con el triunfo de la guerra, se instauró la primera república francesa que pretendió abolir todos los residuos del Antiguo Régimen. El primer logró de la República fue la creación de la Convención Nacional a través de elecciones, en la que dominó el partido de los girondinos.
Pero con la organización de la república, Francia no consiguió la estabilidad, estuvo amenazada por ejércitos prusianos e ingleses en sus fronteras, y hubo quiebra de la economía y una sublevación contra París de la mayor parte de regiones que componían el país. Ante las amenazas la nueva República inventó la guerra total, el reclutamiento en masa, y la utilización de todos los recursos hacia la guerra controlando férreamente la economía.
Los sans-culottes participaron activamente en la guerra; se convirtieron prácticamente en un ejército al servicio de los jacobinos y, como consecuencia, declararon la republica jacobina el 2 de junio de 1.793.

Finalmente la Constitución de 1.791 convirtió al Estado en monarquía constitucional. Varios actos populares a favor del establecimiento de una república frenaron la obra de la Constituyente. Temerosos de que el bajo pueblo interviniera demasiado en el gobierno, los asambleístas terminaron a toda prisa la Constitución que no estableció la república, sino una monarquía constitucional, ejemplo Gran Bretaña (Luis XVI fue reestablecido en el trono). Pero contrariando los mismos principios de la célebre Declaración de Derechos, la Constitución de 1.791 concedió el voto solamente a los ciudadanos que pagasen impuestos equivalentes a tres días de sueldo y exigió la condición de propietario para ser elegido a cargos públicos. La nación quedaba bajo el control político de los burgueses.


La República Jacobina (1.793-1.794)


Esta república con el predominio en el gobierno de los jacobinos y la amplia participación de los Sans-culottes y la clase media, consagró que la finalidad del gobierno era el bien común y afirmó que no bastaba con proclamar los derechos, sino hacerlos efectivos.

En los catorce meses que duró, hizo varias realizaciones: congelo el precio de los alimentos; confiscó provisiones a campesinos y especuladores; abasteció a las ciudades sobre todo París; abolió los derechos feudales, repartió tierras quitadas a la iglesia; abolió la esclavitud en sus colonias y redactó una constitución radical que otorgaba al pueblo el sufragio universal, el derecho al trabajo, a la insurrección y al alimento. Pero sus logros más visibles fueron la unificación de Francia, el retorno de la gobernabilidad y el rechazo a los invasores extranjeros.

Algunas medidas jacobinas, como la congelación de precios, que produjo la congelación de los salarios y la confiscación de alimentos, que perjudico a los campesinos, fueron acabando con el apoyo que le habían dado los Sans-culottes y otros grupos sociales. Además, el sector radical jacobino, encabezado por Robespierre, cometió arbitrariedades, como las ejecuciones de Hébert, Marat, Dantón, y algunos Sans-culottes, la eliminación de libertades y la imposición de cultos, como el del Ser Supremo, lo que ocasionó su derrocamiento por la Convención el 27 de julio de 1.794 y Robespierre, Saint Just y Cotuhon fueron guillotinados el 28 de julio.



El Directorio (1.795-1.799)  



Consistió en un gobierno de cinco personas, nombradas por la Convención, caracterizado por el dominio de los girondinos y la falta del apoyo popular. En 1.795, redactó una constitución, que defendió los intereses de la burguesía. Su política osciló entre el monarquismo y el jacobismo, pero le temió a ambos extremos: al deseo del monarquismo de volver al Antiguo Régimen y al radicalismo jacobino.

Lo anterior convirtió al ejército en una garantía para controlar a la oposición y a los enemigos externos. En 1.796, evitó que Francia fuera invadida por sus enemigos y, en 1.798, realizó una campaña contra Egipto y Siria, para debilitar a Inglaterra, su rival económico. Estas campañas expandieron los negocios de la clase media, beneficiando a banqueros, negociantes y abastecedores de los ejércitos.

Pero el gobierno del Directorio, por la corrupción, el despilfarro y los escándalos no garantizó la estabilidad política, lo que facilitó que, el 9 y 10 de noviembre de 1.799, el 18 brumario, Napoleón Bonaparte diera un golpe de estado, a partir del cual se organizó el Consulado.



El Consulado (1.799-1.804)



Estaba formado por tres cónsules provisionales en el poder ejecutivo: Napoleón, Sieyés y Roger Ducos. En 1.802, Napoleón aprovechando la acogida que tuvo en Francia la firma del Tratado de Paz de Amiens con Inglaterra, modificó la constitución, autoproclamándose cónsul único, vitalicio y con poder hereditario. Ante su actitud dictatorial, se fraguó un plan para asesinarlo, pero él aprovechó esta situación para declararse emperador en 1.804, dando origen a un nuevo período político: El Imperio Napoleónico. 



Napoleón Bonaparte: del golpe militar al imperio.


El ejército revolucionario llegó a contar con un millón de hombres. Entre sus generales se encontraba Napoleón Bonaparte (1.769- 1.821), quien a los 24 años encabezó los ejércitos que vencieron a Austria, aunque los franceses se encontraban en inferioridad de soldados y armamentos, y ocuparon todo el norte de Italia. Napoleón, sin contar con el Directorio, impuso las condiciones de paz, revelando con ello que era un hombre ambicioso, autoritario y gran político.
El directorio temeroso del poder y de la fama de Bonaparte, lo alejó de Francia dándole el mando de la campaña de Egipto (1.798). Mediante ella, se pretendía bloquear las rutas comerciales de Gran Bretaña hacia la India. Napoleón tuvo algunas victorias en tierra pero el almirante Nelson destruyó la flota francesa en el puerto egipcio de Aboukir y Napoleón regresó secretamente a Francia. Derrotado finalmente por los ingleses, el ejército francés tuvo que evacuar Egipto al año siguiente.
En París, Napoleón fue llamado por algunos políticos que conspiraban contra el Directorio y como necesitaban apoyo militar. Lo hicieron nombrar jefe de la guarnición de París. El golpe de Estado tuvo lugar en los días 18 y 19 brumario (9 y 10 de noviembre) de 1.799 según el calendario revolucionario: los directores forzados a dimitir, el Consejo de ancianos sacados y el Consejo de los quinientos disuelto por la fuerza. Los golpistas y una minoría de los quinientos redactaron otra constitución que estableció el sistema de gobierno llamado Consulado.
Esta nueva monarquía fue confirmada por un plebiscito popular; todas las clases populares comprendían que Napoleón era el restaurador del orden y el progreso, quien llevaba a Francia a la victoria. Además, el ejército lo respaldaba incondicionalmente. El imperio napoleónico puso fin al proceso revolucionario; pero, a la vez, conservó e institucionalizó muchos principios revolucionarios. Por ello, no fue la Restauración del Antiguo Régimen sino un imperio burgués bajo el fuerte autoritarismo militar de Napoleón.
Durante este periodo se centralizó el poder en Francia, se reorganizaron las finanzas, se estableció el libre comercio y la libre competencia, y se firmó un concordato con la Santa Sede, en el que el Estado Francés se comprometió a pagar los sueldos de los clérigos y estos juraron fidelidad al Estado.
También se redactó el código civil, obra que dejó por escrito algunas de las conquistas más importantes de la revolución, como los Derechos del Hombre, la libertad de comercio, la libre competencia y la propiedad. Este código fue tomado como un ejemplo por muchos Estados  Europeos y Latinoamericanos durante el siglo XIX. 

La política exterior del imperio.

Como el objetivo de Napoleón era derrotar económica y militarmente a Inglaterra y ensanchar el territorio francés, se lanzó a conquistar la mayor parte de estados europeos: invadió los reinos Italianos donde nombró a algunos de sus familiares; venció a austriacos y rusos en Austerlitz; impuso un bloqueo continental a Inglaterra, prohibiendo el comercio de este país con cualquier lugar del continente; e invadió España y Portugal en 1.808.
Los franceses se hicieron dueños de casi toda Europa pero, en 1.808, los rusos desconocieron el tratado de paz de Tilsit, firmado con Francia en 1.807 y, en 1.812 estalló la guerra entre ambos países. Francia tuvo una serie de reveses militares en la campaña rusa y, tras su fracaso, las potencias aliadas contra Francia obligaron a Napoleón a retirarse hacia la isla de Elba en 1.814.
Luis XVIII, hermano de Luis XVI, asumió el trono. Pero ante la negativa de los franceses de tener nuevamente a la aristocracia en el poder. Napoleón regresó en marzo de 1.815 y organizó un gobierno de cien días. Los monarcas europeos le declararon la guerra y lo vencieron en la batalla de Waterloo en 1.815. Después de su derrota, fue desterrado a la isla de Santa Elena, en el Atlántico sur, donde murió en 1.821.


La derrota de Napoleón marcó el final del período de la Revolución Francesa y dio inicio a la restauración de las monarquías en Europa. No obstante, el espíritu y el ejemplo de la revolución convirtieron la primera mitad del siglo XIX en uno de los períodos más convulsionados de Europa, ya que la mayor parte de sus naciones lucharon contra el Antiguo Régimen.

La Revolución Industrial.

A finales del siglo XVIII, la producción de bienes manufacturados era exclusivamente artesanal; los tejidos, por ejemplo eran fabricados por las familias en las casas, a partir de la materia prima entregada por los comerciantes. Pero en Inglaterra se dieron los primeros pasos para cambiar esta forma de producción. Ello fue posible gracias a que el país contaba con mano de obra abundante y barata que había sido desplazada del campo debido a las transformaciones de la agricultura; también a la acumulación de capital producto del desarrollo comercial; y a la paulatina introducción de innovaciones técnicas. 

Las transformaciones de la agricultura. 

Entre 1.830 y 1.840, en Inglaterra se presentó un aumento de la producción agrícola que permitió alimentar una población entre dos y tres veces mayor que la del siglo anterior. Esto fue posible gracias a la generalización de métodos de cultivos introducidos desde comienzos del siglo XVIII, como la explotación más racional de los suelos, la rotación de cultivos, la siembra de nuevas semillas, la aplicación de abonos, y la introducción de algunas innovaciones técnicas, como el arado de Rotterdam, que aumento la productividad del trabajo campesino y disminuyó la necesidad de la mano de obra en las actividades agrícolas.
De campesinos a asalariados.  
Con el aumento de la población y la demanda de más alimentos, la producción agrícola se volvió rentable, lo cual despertó el interés de los terratenientes ingleses, quienes consiguieron del gobierno la promulgación de leyes para cercar las tierras comunales, antes explotadas por los campesinos, quienes fueron despojados de sus medios de subsistencia.
Las transformaciones en el campo inglés condujeron a la separación de la economía aldeana y a la modernización de la agricultura, lo cual trajo entre otras, dos consecuencias importantes: el aumento de la producción de alimentos y el desplazamiento de los campesinos hacia las ciudades.
Inicialmente, muchos campesinos recurrieron a la manufactura textil conservando su independencia y organizando el proceso productivo según sus propios ritmos de trabajo, aunque dependiendo de los comerciantes, quienes les proporcionaban las materias primas y les compraban los productos elaborados.
Sin embargo, con el aumento del mercado y las exigencias que este imponía, sobre todo en la industria textil algodonera, los comerciantes controlaron cada vez más la producción, hasta el punto de concentrarla a talleres hasta donde convergieron los trabajadores para contratarse como asalariados, perdiendo su independencia y el control del proceso productivo. Por su parte, los campesinos que no emigraron a las ciudades obtenían sus medios de subsistencia como jornaleros de los terratenientes.

Primera fase de la revolución industrial. 

La concentración de la industria algodonera en talleres permitió a los propietarios introducir las innovaciones técnicas con las cuales se proponían responder a un mercado en constante crecimiento. El ímpetu de los negociantes ingleses estuvo apoyado por la agresiva política colonial de sus gobiernos, con lo cual consiguieron establecer un monopolio, aventajando a algunos de sus posibles competidores. 
La industria textil creció ligada al comercio triangular, en el cual los negociantes ingleses intercambiaban, en las costas africanas, los artículos de algodón producidos en sus talleres, a cambio de esclavos que luego eran vendidos en los puertos americanos. Allí, los barcos ingleses se aprovisionaban del algodón cultivado en las plantaciones para conducirlo luego a Inglaterra, donde era transformado en un producto industrial, a fin de ser vendido en diversos mercados.
Este comercio les reportó astronómicas ganancias a los negociantes particulares, quienes acumulaban un gran capital que sirvió de base para las inversiones que dieron lugar a la primera fase de la revolución industrial, más aún cuando las innovaciones técnicas necesarias para su puesta en marcha eran relativamente sencillas y económicas.
La introducción de innovaciones y la fuerte competencia que surgió llevaron  una caída de los precios del producto terminado; para mantener el margen de ganancia, los patronos redujeron los salarios al límite de subsistencia, pero como no podían reducirlo más allá del límite, los empresarios aceleraron la mecanización. Hacia 1.815, la producción textil inglesa estaba totalmente mecanizada.

La segunda fase de la Revolución Industrial.  

Con la introducción de la máquina de vapor de James Watt, en 1.765, se dieron las bases para el desarrollo de la gran industria y para su distribución espacial. Si bien, en un comienzo las industrias se establecían en las márgenes de los ríos caudalosos, para aprovechar la energía hidráulica, con la máquina a vapor se podían instalar en cualquier lugar, sobre todo donde hubiera acceso fácil al carbón mineral. En este contexto era fundamental el desarrollo de la metalurgia y la minería, las cuales fueron estimuladas inicialmente por la fabricación de máquinas destinadas a la industria textil y, posteriormente, por la invención del ferrocarril. 

Transformación de la industria minera.

A diferencia de la industria algodonera que tenían un mercado asegurado, en expansión y que requería inversiones mínimas, la industria del hierro carecía de mercados representativos y exigía grandes inversiones. Sin embargo, la capacidad productiva aumentó gracias a sencillas innovaciones, como el pudelado y el laminado, en 1.784. Aun así, la demanda, a no ser la de máquinas modestas como la de los telares, siguió siendo baja, por lo menos hasta las primeras dos décadas del siglo XIX.
La suerte de minería de carbón era diferente. Debido a la escasez de bosque en Inglaterra, la explotación de minas de carbón se extendió desde antes del siglo XVIII. Para esta época era tal la demanda, que la industria carbonífera necesitaba una gran revolución técnica. Las minas no sólo introdujeron las máquinas a vapor para su explotación, sino que requerían medios de transporte más eficientes para trasladar las enormes cantidades de carbón extraídas a los lugares de consumo. Esta situación, unida a los altos costos del transporte terrestre, sirvió de estímulo para la introducción del ferrocarril, que ejercería una influencia transformadora sobre todas las demás industrias.

El ferrocarril.

Esta innovación percibida por los contemporáneos como un colosal invento produjo el mayor impacto sobre el desarrollo económico en general. Por una parte, la industria del hierro aumentó su producción en Inglaterra de: 680.000 toneladas, en 1.830, pasó a 3.500.000 toneladas en 1.850. La producción de carbón pasó de 15 a 45 millones de toneladas. Tal aumento obedecía a las enormes cantidades de hierro y acero necesarias para los tendidos de vías, además de la maquinaria pesada de las locomotoras y sus vagones. 
Por otra parte la construcción de ferrocarriles demandaba enormes inversiones de capital. Como en sus inicios los ferrocarriles no parecían muy rentables, invertir en ellos resultaba irracional si se tiene en cuenta que la búsqueda de rentabilidad era la motivación de los empresarios.
Sin embrago, las enormes cantidades de capital acumulado en la primera fase de la Revolución Industrial eran tan grandes que excedían la capacidad de gastarlo o invertirlo en zonas existentes; por tanto, la burguesía industrial y financiera se arriesgó a invertir en el ferrocarril, en la medida que podría permanecer como inversión fija sin que se desvalorizara.
De tal forma, entre 1.830 y 1.850, los países europeos y los Estados Unidos se dieron a la tarea de construir ferrocarriles, muchos de ellos con capital, hierro y técnicos británicos. Las inversiones pasaron de 28 millones de libras esterlinas en 1.840 a 240 millones en 1,850. El ferrocarril sirvió como dinamizador de la economía, contribuyendo al crecimiento del comercio mundial.
Expansión de la Revolución Industrial.
Si bien la Revolución Industrial se inició en Inglaterra, para 1.850 este fenómeno se extendió a otras regiones de Europa y a los Estados Unidos. El mecanismo de expansión fue en gran medida la importación de técnicas y máquinas procedentes de Inglaterra. En Francia, la transformación industrial fue precedida por la revolución política; la monarquía liberal de 1.830 implantó un régimen burgués y facilitó el despegue de la actividad fabril. Al mismo tiempo, la Revolución Industrial en Alemania fue precedida de reformas burguesas que permitieron superar la fragmentación territorial y la organización social feudal. Igualmente, en Estados Unidos, al finalizar la guerra de Secesión, con el triunfo del norte capitalista, se dio un gran auge de la actividad industrial estimulada, entre otras cosas, por la migración Europea, los descubrimientos de minas de oro en California, la existencia de gran cantidad de recursos naturales y una política de abierto respaldo a la expansión de negocios.

Consecuencias socioeconómicas de la Revolución Industrial.

La fábrica industrial transformó la forma tradicional de vida de los trabajadores y arrastró a muchos de ellos a una extrema pobreza y una total desmoralización. Así la sociedad industrial se caracterizó por aspectos concretos como los siguientes.
ü  Crecimiento rápido e incontrolado de las ciudades, y sobre todo, el hacinamiento de los trabajadores pobres en áreas antihigiénicas, donde eran víctimas de epidemias.
ü  Consolidación del proceso fabril, que tenía como protagonista a la máquina. El obrero era una pieza más de un complejo mecanismo al cual debía acoplarse, bajo horarios estrictos y jornadas de 16 horas de trabajo diario. Desaparecieron la autonomía del trabajador para disponer de su propio ritmo de trabajo y las relaciones cordiales con el maestro artesano.
ü  Aumento de la resistencia de los trabajadores a emplearse en las nacientes industrias mecanizadas; sólo cuando la ruina de su oficio y el hambre les imponía la necesidad, recurrían a vender su fuerza de trabajo y aún se oponían a la rígida disciplina de la fábrica; por tal motivo, los patronos preferían contratar a mujeres y niños porque resultaban más dóciles.
ü  Generalización del trabajo de los niños. Con la mecanización, no se requería el trabajo calificado; para los patronos era más fácil y rentable contratar a mujeres y niños, pues sus salarios eran menores que los pagados a hombres adultos, con lo cual disminuían los costos y aumentaban los beneficios para el capitalista.


Aunque los obreros no deseaban enviar a sus hijos a las fábricas o minas, los bajos salarios que recibían no eran suficientes para sobrevivir y, por tanto, se veían obligados a entregarlos a orfelinatos. Frecuentemente, estas instituciones llegaban a acuerdos con las fábricas para enviar allí a los niños puestos a su disposición.     

La expansión del Capitalismo.

El capitalismo es un sistema económico y social en el que los medios de producción no pertenecen a quienes los usan, es decir, a quienes trabajan con ellos, sino a otras personas, que se convierten en propietarios privados. Sus rasgos claves son:
·         Las relaciones entre las empresas productoras, esencialmente las fábricas, con sus clientes y con el personal, están mediadas por contratos.
·         La fuerza laboral o capacidad que tienen los seres humanos para ejecutar un trabajo se considera como una mercancía que puede ser comprada y vendida como un bien o un servicio.
·         Los propietarios de los medios de producción saben que se produce no para el bien común, sino para el mercado, con el fin de obtener más ganancias y acumular riquezas.

El Capitalismo Comercial.

Desde el siglo XVII, la fuente de riqueza fue el comercio con las Indias occidentales y orientales. La base de este comercio era el azúcar, las especias, la trata negrera y los metales preciosos, oro y plata, sacados de los yacimientos americanos. Ese auge comercial, favoreció a las ciudades comerciales europeas y a los centros financieros, que acumulaban riquezas y prestaron dinero para patrocinar nuevas expediciones en busca de más riquezas. 

El Capitalismo Industrial.

Desde el siglo XVIII, el comercio recibió mayor impulso con los adelantos técnicos que desembocaron en la Revolución Industrial. Así nació una nueva forma de capitalismo: el capitalismo  industrial, desarrollado y difundido en Inglaterra desde los primeros años del siglo XIX.
Más adelante, entre 1.848 y 1.870, se presentó la expansión económica, donde la mayor parte del mundo operaba bajo el capitalismo, que funcionaba como una organización comercial y económica en la que actuaron de manera conjunta dos factores: los capitalistas, propietarios de los medios de producción, es decir, de las fábricas y de los sistemas de comercio, y los trabajadores, proletarios y obreros, quienes realizaban los trabajos.
La producción a gran escala incentivada por la industrialización hizo que el mundo del trabajo basado en los talleres artesanales comenzara a desaparecer. El propietario de la industria, como capitalista, buscó el mayor beneficio económico, aumentando la producción y ampliando los mercados para vender los productos. Por su parte, los obreros, para poder subsistir, comenzaron a vender su mano de obra, estabilizándose las relaciones patrón-obrero típicas del mundo capitalista industrializado.

El Utilitarismo: principio del capitalismo en el siglo XIX.

El utilitarismo fue la corriente del pensamiento, de finales del siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX, que más influyó en el desarrollo de la sociedad industrializada. Sus representantes, entre ellos Jeremías Bentham y John Stuart Mill, defendían los principios de la investigación de la naturaleza; la observación de los hechos como base de la ciencia y el deseo de entrar en contacto directo con la realidad y con lo concreto; la formación de una ética burguesa de la austeridad, el orden, la sencillez, el ahorro, la inversión en lugar del gasto y la racionalidad basada en la jurisprudencia; y búsqueda del placer, entendido como la satisfacción de las necesidades básicas, para vivir en el mundo, sin exageraciones sino con discreción.
 Hasta 1.848, la producción industrial creció considerablemente. Sin embargo no pudo ampliar de manera eficaz el mercado para sus productos. Incluso llegó a pensarse que el sistema industrial podía fracasar. La solución radicó en la expansión de los mercados para ampliar, de igual forma, el consumo. Para lograrlo, los industriales y comerciantes invirtieron ganancias de la producción industrial en tecnificar las comunicaciones y los medios de transporte, lo cual hizo más fácil transportar tanto materias primas como las manufacturas. Así las cosas, el ferrocarril y el barco a vapor colaboraron, en gran medida, en expandir el mundo capitalista industrializado.
Estos dos medios de transporte redujeron distancias y abarataron los costos en la producción, fue mucho más fácil transportar materias primas de sus lugares de extracción a los centros industriales y, posteriormente, llevar a las manufacturas a los lugares de consumo. Esto hizo que hasta los sitios más remotos del mundo llegaran las mercancías elaboradas en las fábricas europeas.

La expansión comercial. 

La expansión comercial del siglo XIX, como fruto del mundo industrializado, pudo darse por los siguientes factores:
1. Las ciudades se transformaron en centros industriales y en focos de atracción para inmigrantes provenientes del campo; a mediados del siglo XIX, cerca del 75% de la población europea vivía en el campo, pero finalizando el siglo, la cifra se redujo al 50%. Así, las industrias tuvieron a su disposición abundante mano de obra barata y los propietarios de las empresas pudieron bajar o subir libremente los montos de los salarios de los trabajadores, situación que favoreció el aumento de la producción.
2. Las ciudades, debido al crecimiento de la población y al descenso de la mortalidad, gracias al impulso de la medicina, la buena higiene y la alimentación, se convirtieron en centros de distribución y consumo de bienes, en mercados para la producción industrial, porque gran cantidad de sus habitantes se sumó a las actividades industriales y el comercio que distribuía artículos para todo el mundo. 
La ciudad sufrió cambios en su naturaleza y funciones. Se construyeron barrios para los recién llegados; se amplió la construcción de vías en función del capitalismo industrial y de la expansión comercial; y los barrios comerciales, ubicados cerca a las estaciones ferroviarias o a los lugares de embarque en los puertos, se convirtieron en epicentros del mundo financiero.

La idea de progreso.

La sociedad europea occidental del siglo XIX y las periferias que esta iba construyendo en su expansión mundial, vieron el progreso técnico e industrial como el fin último de la humanidad. Ese progreso se media por el avance de la industrialización y por el auge en las comunicaciones y el transporte. Se creía que entre más chimeneas de fábricas y más kilómetros de vías férreas o de cables para el telégrafo existieran, más progreso había.
Desde mediados del siglo XIX, las aplicaciones de la máquina de vapor eran lo fundamental. La más importante fue el ferrocarril, que se convirtió en el rey del transporte. Los distintos países europeos comenzaron a crear redes ferroviarias complejas que superaban las simples líneas inconexas de comienzos del auge comercial, y que permitieron agilizar los viajes personales y el transporte de productos.

La navegación a vapor también se vio beneficiada. En cada uno de los países creció la construcción de canales, aprovechando los ríos. La navegación interoceánica alcanzó innovaciones, tales como: la construcción de embarcaciones de gran calado y velocidad; el cambio de la rueda como mecanismo de impulso, por la hélice de tres palas, en el decenio de 1.850-1.860; y el casco de madera fue reemplazado por el metálico, lo que le dio a los barcos más velocidad y resistencia. Como construir esos barcos era costoso, los antiguos armadores fueron sustituidos por grandes astilleros, patrocinados por industrias pujantes y grupos financieros y bancarios.

El auge de este tipo de embarcaciones redujo el costo de los fletes, aumentó el volumen de carga, favoreciendo la expansión comercial y el surgimiento de compañías de transporte interoceánico que se encargaba de llevar migrantes a los nuevos centros de colonización y de transportar todo tipo de mercancías.

Las flotas mercantes aumentaron y los principales puertos sufrieron cambios notorios para ponerse a tono con las circunstancias. Marsella, el Havre, Burdeos, Bolougne, en Francia; Amberes, Rotterdam y Ámsterdam en Bélgica y Holanda; Londres y Southampton en Inglaterra; Hamburgo y Alemania, se convirtieron en los centros claves para el intercambio comercial.  

Cuestión Social y Movimiento Obrero.

Orígenes del movimiento obrero.

Los artesanos fueron los primeros en reaccionar, frente a la introducción de las máquinas y contra las leyes que prohibían los antiguos gremios y los intentos de asociación obrera. Inicialmente estas manifestaciones tuvieron un carácter más o menos espontáneo y se centraron en la destrucción de las máquinas, porque se relacionaba la mecanización de la producción con el posible desempleo. Esta reacción fue el mecanismo de lucha entre los tejedores de algodón y de seda de Inglaterra, quienes consiguieron, pese a las duras medidas represivas del gobierno, destruir cientos de telares a vapor; esta acción se repetiría en el resto de Europa en la medida que se expandía la Revolución Industrial.

Desarrollo del movimiento obrero en Inglaterra.  

El movimiento obrero británico de la primera mitad del siglo XIX no fue exclusivamente de trabajadores industriales o jornaleros; en él militaron diversos sectores de la clase trabajadora, principalmente urbana, que en sus inicios actuaron de acuerdo con la clase media radical o pequeña burguesía, en su lucha contra la supervivencia del Antiguo Régimen.
El movimiento obrero inglés presentó tres estrategias que aunque divergentes por momentos se mezclaban.
·         La corriente radical: actuaba en el plano político ya que veía en la democratización la necesidad de recurrir al cambio del régimen económico.
·         La corriente sindical: no se preocupaba por transformar las estructuras capitalistas ni las reformas políticas, sino la acción económica defensiva, contra la reducción salarial mediante el recurso de la huelga.
·         La corriente socialista: propugnaba una lucha obrera contra los privilegios, tanto de la aristocracia como de la burguesía capitalista, y su objetivo era una total reorganización económica y social. Pretendía una sociedad cooperativa y no competitiva, colectivista y no individualista.

Sindicalismo y socialismo en Inglaterra.

Las primeras asociaciones de trabajadores o sociedades de ayuda mutua, partiendo de dos elementos fundamentales del sindicalismo, la lucha y la solidaridad, tuvieron como objetivo la protección de sus socios y la resistencia a la disminución de los salarios. Estas asociaciones fueron perseguidas por el gobierno Pitt, con la promulgación anti asociacionista de 1.799 a 1800, pero luego, con la prosperidad de la década de 1820, y ante la imposibilidad de controlar su acción clandestina, fueron autorizadas, quedando abierta la vía al auge sindical.
Sin embargo, tres aspectos dificultaban la organización de un sindicalismo fuerte:
La múltiple composición de la clase obrera: artesanos independientes y asalariados, profesionales en su oficio y peones no calificados, obreros fijos y temporales, con intereses, a veces contradictorios.
El señalamiento patronal contra los dirigentes obreros que dificultaba sus posibilidades para conseguir empleo.
Las malas condiciones de vida de las mayorías que generaban apatía y desmoralización.
A comienzos de la década de 1.830, con la expansión de la gran industria y la aparición de nuevas capas de obreros, nació la idea de un sindicato general que agrupara en el ámbito nacional los diversos niveles de la jerarquía obrera. En 1829, surgió la Gran Unión de los Obreros Hiladores del Reino Unido y, en 1830, la Asociación Nacional de Oficios Unidos, organizaciones que sucumbieron por la dura resistencia patronal y las rivalidades internas. 

El Cartismo.

Del fracaso del movimiento sindical y el socialismo, sobrevivieron los sindicatos moderados, cuyos dirigentes enfocaron sus acciones hacia la lucha política basada fundamentalmente en la búsqueda del derecho electoral. En 1838, establecieron un programa democratizador organizado por la Asociación de Trabajadores de Londres, conocido como la “Carta del Pueblo”. Este programa constaba de seis puntos con las reivindicaciones políticas más importantes para la acción obrera.
1. Sufragio Universal para todos los hombres a partir de los 21 años.
2. Periodos parlamentarios anuales.
3. Voto secreto.
4. Equivalencia de las circunscripciones electorales.
5. Inmunidad parlamentaria para los  diputados.
6. Supresión del censo de fortuna para los candidatos al parlamento.

Movimiento Obrero y socialismo en Francia.

La movilización de las clases trabajadoras en Francia fue paralela al desarrollo de la revolución política. Inicialmente, los sans-culottes o pobres de las ciudades lucharon junto a los jacobinos como forma de expresión de un movimiento democrático, pero hacia 1.815, en respuesta al sentimiento generalizado de injusticia, se separaron de la clase media, para vincularse a uno u otro de los programas e ideologías de carácter socialista que proliferaron en la primera mitad del siglo XIX.
Con los resultados de la revolución de 1.830, la separación entre la clase obrera y la burguesía se hizo más patente; la politización del movimiento obrero se orientó hacia el socialismo, reflejando el despertar de la conciencia de clase. Surgieron entonces sociedades secretas, democráticas y revolucionarias y otros grupos entre estudiantes y trabajadores pobres que contribuyeron a crear un clima de conflicto que influyó en el desarrollo del asociacionismo obrero.
Sus bases ideológicas y programáticas estaban relacionadas con las corrientes del pensamiento de los socialistas utópicos franceses
Paralelamente, a finales de los años 40, Francia vivió el inició de su revolución industrial, con las mismas consecuencias sociales que décadas atrás había sufrido Inglaterra. En esta situación, las ideas socialistas gozaron de mayor aceptación y se extendieron a gran parte del país.

Los socialistas utópicos.

Pensadores franceses, inmersos en una sociedad donde el capitalismo industrial aún no se consolidaba, criticaron algunos de sus aspectos y expusieron propuestas de transformación que, a la luz del desarrollo posterior del pensamiento socialista, fueron consideradas como utópicas, es decir, ingenuas e irrealizables en la medida en que no lograban comprender los mecanismos de funcionamiento de la sociedad capitalista.
Los socialistas utópicos fueron conscientes del conflicto de intereses entre la Burguesía y la clase trabajadora; pretendieron superarlo mediante el diseño de planes de construcción de una sociedad futura en la que se mejorarían las condiciones de vida de todos sus miembros. Sus ideas reflejaban el poco desarrollo de la conciencia de clase del proletariado, pero contenían elementos críticos de la sociedad existente.   

La Revolución de las trece colonias Británicas en América.

Estados Unidos.
La independencia de las trece colonias inglesas de Norteamérica constituyó un proceso revolucionario que, junto con los acaecidos en Europa, le permitieron a la burguesía crear estados democráticos burgueses, con división de poderes y separación en el Estado de diferentes grupos sociales; estos factores favorecieron la mayor expansión económica de la historia de la humanidad, impulsando la consolidación del capitalismo.
Las trece colonias eran muy prosperas y le proporcionaban buena parte de las materias primas que Inglaterra requería para su industrialización. Las diferentes comunidades de colonos iniciaron su independencia respecto a Inglaterra entre 1763-1765. Este proceso se desató por varias razones:
1. La poca representación política de los colonos en el parlamento inglés.
2. La pretensión inglesa de elevar los impuestos en las colonias, con el fin de poder costear sus guerras  contra Francia.
3. El intento inglés de controlar el comercio y las industrias a través de decretos especiales que limitaban la producción de ron y azúcar; prohibían el transporte  y el comercio de las mercancías,  en barcos que no fueran ingleses y monopolizaban el comercio del té, producto muy consumido entre los colonos.
4. La aspiración inglesa de imponer una política colonial con fuerte control chocó con una sociedad de prósperos burgueses que había gozado de autonomía política y económica desde su llegada a estos territorios y que necesitaba una política sin restricciones que le permitiera comerciar libremente y expandir sus negocios. 

En 1773, Inglaterra envió tropas a las colonias para controlar a los rebeldes, pero estos crearon milicias en cada una de las trece colonias; así se inició la guerra contra los ingleses. Con ayuda militar y financiera de Francia, el mayor rival de Inglaterra en Europa, los colonos declararon su independencia de Inglaterra el 4 de julio de 1776 en Filadelfia, donde redactaron un acta de independencia.
Estados Unidos alcanzó su plena autonomía en 1783, cuando Inglaterra reconoció su independencia. Los líderes de la independencia norteamericana como Thomas Jefferson, George Washington, Benjamín Franklin, John Adams, Patrick Henry, iniciaron la organización del nuevo estado con la elaboración de una constitución entre 1787 y 1789, la creación de instituciones que originaron la federación, la elección de senadores y presidente y, el reconocimiento de libertades individuales y públicas para todos los habitantes, menos para los esclavos.
Entre fines del siglo XIX y principios del XX, el capitalismo imperialista de los Estados Unidos ha tenido varias modalidades:
Inversión de dinero en industrias o plantaciones de los países latinoamericanos, a través de poderosas compañías como hicieron en los ingenios azucareros de Cuba, siendo aún está una de las colonias españolas; como la de la United Fruit, que con su explotación de banano se convirtió en una entidad dominadora tanto en lo económico, lo político y lo social de las naciones del Caribe; y como las empresas petroleras y mineras que se establecieron en casi toda América.
Obtener concesiones o permisos exclusivos de las naciones para abrir canales interoceánicos y controlar sus operaciones.
Hacer empréstitos o préstamos a los gobiernos Latinoamericanos para ayudarlos a resolver sus crisis económicas.
Intervenir con sus fuerzas armadas temporalmente en aquellas regiones donde las propiedades e intereses de los norteamericanos corrían peligro.
Todas estas modalidades se dieron en el continente, influyendo así tanto en la vida económica como en la propia evolución política de las repúblicas latinoamericanas.

Haití.

Era la principal colonia de Francia. La mayor parte de sus habitantes eran esclavos que trabajaban en las plantaciones de azúcar. Con el estallido de la Revolución Francesa y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el mulato Haitiano Vincent Ogé solicito a la Asamblea Constituyente de París la expedición de derechos políticos y civiles a los habitantes de la isla, como la libertad, la igualdad ante la ley, el derecho a la representación. En 1790, la Asamblea reconoció derechos políticos a las negros y mulatos libres, pero estos no fueron respetados por los dueños de las plantaciones, lo que originó una oleada de rebeliones esclavas, que terminaron con la declaración de libertad de los esclavos haitianos.


Con la llegada de Napoleón en el poder, en 1799, la esclavitud se reimplantó; los haitianos se rebelaron entre 1803 y 1804, declararon su independencia y abolieron definitivamente la esclavitud. El norte del país fue dominado por el emperador Dessaline y el sur, por Alexandre Petion. Haití se convirtió en un ejemplo y un auxiliador de la liberación para el continente americano, sobre todo de sus esclavos.

Las Revoluciones Hispanoamericanas.

Hispanoamérica estaba conformada por el virreinato de Nueva España (México, Centroamérica y la capitanía de Guatemala); virreinato de Nueva Granada, (Nueva Granada, capitanía de Venezuela y Quito); virreinato del Perú (capitanía de chile, Alto Perú y Bajo Perú); virreinato de Rio de la Plata (Buenos Aires, Paraguay); Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. 
Aunque estas regiones hacían parte del imperio español, vivían con relativa autonomía respecto a España, pues la ineficaz provisión de mercancías a América, hecha por los barcos españoles, fomentó que los españoles y criollos asentados en las colonias comerciaran ilegalmente con Inglaterra, Holanda, Francia y aplicaron poco las disposiciones elaboradas desde España, referentes a impuestos, explotación de tierras y minas o protección de indios.
Cuando, en la segunda década del siglo XVIII, la dinastía de los Borbones asumió el poder, hizo un balance del imperio y se dio cuenta de que era uno de los más débiles de Europa y que estaba en desventaja frente a sus principales rivales, Inglaterra y Francia, donde existía una economía dinamizada por la revolución industrial. Para los Borbones, la recuperación española dependía del sistemático aprovechamiento que hiciera de sus posesiones en América y, por tanto, había llegado la hora de reconquistarlas a través de una serie de reformas. 

Las reformas borbónicas.

Entre 1759 y 1788, los reformadores Borbones pusieron en marcha la reestructuración de las colonias españolas en América, retomaron de la ilustración nociones sobre modernización, racionalización de la administración y el impulso a las disciplinas científicas, mientras que de la fisiocracia, tomaron el principio que consideraba que la riqueza de un país dependía del desarrollo de la agricultura capitalista; para poner en marcha este propósito; los Borbones iniciaron la explotación de las riquezas de América, a través de expediciones botánicas. 

Además desde España se nombraron nuevos funcionarios remunerados, lo que acabó con la venta de cargos públicos, que era común entre los criollos, quienes generalmente ocupaban puestos de alcaldes mayores y corregidores de cabildos; y en todos los virreinatos y capitanías, se establecieron las intendencias, menos en la Nueva Granada, donde se creó la regencia, que contaron con autonomía respecto a virreyes y oidores en sus decisiones y se encargaron de la recaudación de impuestos y de la vigilancia sobre la aplicación de nuevas disposiciones.

Las reformas fueron financiadas con el pago de nuevos impuestos por parte de los criollos y las diferentes castas; la iglesia, dueña de la mayor parte de las tierras de América, fue golpeada al expropiárseles algunas de sus riquezas y los privilegios a los clérigos de bajo rango. La comunidad más afectada fue la de los jesuitas; sus propiedades pasaron a manos del Estado y todos sus miembros fueron expulsados en 1767. El ejército perdió privilegios, debido a que se limitó el fuero militar a los mestizos, pardos (tri racial), mulatos (hijo de blanco y de negro) y oficiales criollos, quienes habían entrado a sus filas desde 1760, ante la falta de recursos para organizar milicias en América compuestos enteramente por tropas españolas.

Las reformas Borbónicas pretendieron adecuar la economía americana a la satisfacción de las necesidades económicas de la metrópoli y facilitar el dominio de la corona española en América, especialmente sobre los criollos y algunos funcionarios españoles que habían logrado enriquecerse y controlar el poder político local y regional, a costa de la relativa autonomía que habían mantenido durante mucho tiempo. 

Los criollos frente a las reformas.

Los criollos, durante los años del colonialismo español en América, habían constituido oligarquías que controlaban el poder económico, pues fueron los mayores dueños de las haciendas, minas y del comercio regional; y en el ámbito político ocuparon puestos locales sin remuneración, a través de los cuales se adjudicaban tierras, minas, mano de obra y explotación de cultivos comerciales.
La aplicación de las reformas Borbónicas lesionó sus intereses y empezaron a ver a España más un rival incómodo que una autoridad para obedecer. Se rebelaron contra los nuevos impuestos en asocio con las castas, pero no las toleraron al considerar que ello solo podía provocar desórdenes sociales y una amenaza al status de los blancos.

Las ideas americanistas del siglo XVIII.

Ante la creciente rivalidad entre los criollos y la corona española, producida por las reformas Borbónicas, los criollos demandaron participación política y estabilidad social, dándole a sus peticiones un cierto carácter nacionalista, reivindicando su nacimiento en tierras americanas, en oposición a lo español. Con estas ideas, se consolidó una especie de nacionalismo cultural que fue adquiriendo un carácter regional con la exaltación que hicieron venezolanos, neogranadinos, rioplatenses o mexicanos en sus provincias.
El proceso independentista hispanoamericano sólo se vislumbró entre 1808 y 1810, momento en el cual el imperio español no pudo sortear la crisis que lo sacudía desde años atrás. Entre 1790 y 1810, se difundieron ampliamente las noticias de los procesos revolucionarios de Estados Unidos, Francia y Haití, así como el pensamiento de la ilustración, que fueron tenidos en cuenta a su manera por los criollos que lideraron las diferentes independencias de la región.

La decadencia del imperio español.

Bajo la administración de Carlos IV (1788-1808), se evidenció el declive económico, político y militar del imperio español en Europa y América. En 1792 fue nombrado como primer ministro Manuel Godoy, quien no tenía mucha experiencia en los asuntos del Estado y en la administración colonial.


España entró como aliada de Francia en las disputas de esta contra Inglaterra, participando en diferentes guerras por más de veinte años, Inglaterra bloqueó las colonias españolas de ultramar desde 1796 y llevó a que España aceptara que sólo los países neutrales en conflictos tuvieran la libertad de comerciar en los puertos americanos y en las Filipinas. Con el bloqueo inglés, España perdió la oportunidad de seguir controlando el comercio sobre américa.

Preguntas:

1. ¿Cuáles fueron las principales reformas Borbónicas?

2. ¿Cómo afectó a los criollos las reformas Borbónicas?

3. Busca el significado de los siguientes términos

A. Virrey
B. Corregidor.
C. Regencia.
D. Oligarquías.



4. ¿Cuáles son las razones de la decadencia del Imperio Español?

5. Explique como era el sistema de división administrativa territorial instaurado por las reformas borbónicas.



6. ¿Qué cambios produjo la reforma borbónica en el aspecto económico?

Trabajo.

Indicaciones: copie solo el taller y responda las preguntas en su cuaderno con base en la siguiente lectura.

Lectura: Coronavirus y la nueva crisis del capitalismo

La investigadora en finanzas para el desarrollo Yolanda Fresnillo apunta en este análisis que la pandemia del virus Covid19, en realidad, no solo está causando una crisis por sí misma, sino que también está desencadenando una crisis preexistente que, con una mirada más amplia y larga, nos tiene que permitir identificar las causas profundas de la también profunda crisis que afronta el capitalismo para encontrar, así, respuestas en profundidad.

Nadie puede negar hoy que la pandemia del coronavirus tendrá importantes consecuencias económicas a nuestro entorno y en el ámbito global. Y no lo podemos negar porque trabajadores y trabajadoras ya están empezando a recibir los primeros impactos en forma de despidos, expedientes temporales de ocupación o no contrataciones de temporada. A las que mantienen el trabajo —trabajadoras de la salud, de comercios de alimentación o farmacia, cuidadoras de personas dependientes, entre otros—, además de la precariedad crónica, les aumentan los riesgos de trabajar sin las medidas de seguridad adecuadas. Las trabajadoras autónomas y pymes se preguntan cómo podrán hacer frente a facturas o pagar las nóminas si no tienen actividad económica a causa del confinamiento.

Pero nos haríamos un mal favor si identificáramos el coronavirus como la causa de esta crisis económica. Es evidente que la pandemia tiene y tendrá efectos directos sobre la economía, pero hace falta que lo analicemos con una mirada más global y más amplia, para alcanzar la dimensión de la crisis económica que se ha estado desarrollando más allá del coronavirus. Porque la pandemia del virus Covid19 está, en realidad, no solo causando una crisis por sí misma, sino desencadenando una crisis preexistente. Una mirada más larga nos permitirá identificar causas profundas de la también profunda crisis que afronta el capitalismo, para buscar así también respuestas en profundidad.

COVID-19 COMO DESENCADENANTE DE UNA CRISIS DE DEUDA

Probablemente recordéis la caída de Lehman Brothers en el 2008. Resulta obvio que la causa de aquella crisis financiera no fue la quiebra de una sola empresa, sino que el acontecimiento generó una reacción en cadena que desencadenó y agravó una situación de crisis ya preexistente. En inglés dicen trigger, desencadenante o disparadero. El Covid19 puede ser precisamente esto, un acontecimiento con enormes repercusiones en la economía productiva y reproductiva, pero también el desencadenante de una crisis más profunda que hace ya tiempo que se está cociendo. Un disparo en el corazón del capitalismo.

Nunca en la historia de la humanidad ha habido niveles tan elevados de endeudamiento: en términos absolutos, la deuda global ha alcanzado los 253 billones de dólares el último trimestre de 2019, lo que equivale al 322% del PIB mundial.

De hecho, ya hace tiempo que medios económicos, instituciones financieras internacionales, economistas ortodoxas y críticas, y organizaciones sociales, vamos diciendo que hay riesgo y signos de una nueva crisis económica y financiera. Uno de los elementos claves de esta crisis es el elevado nivel de deuda.

Nunca en la historia de la humanidad había habido niveles tan elevados de endeudamiento. En términos absolutos, la deuda global ha alcanzado los 253 billones de dólares el último trimestre de 2019, lo que equivale al 322% del PIB mundial. Es decir, la deuda a nivel global supera el triple de la riqueza producida en todo el mundo (tal y como se contabiliza a través del PIB, una medida muy ineficiente que, entre otras carencias, no considera el trabajo reproductivo y de cuidados, imprescindible para la sostenibilidad de la vida).

Este nuevo ciclo de endeudamiento, que se inicia el 2010 a consecuencia de las políticas monetarias en respuesta a la crisis de 2008 y del funcionamiento normal de una economía híper financiada es, según el Banco Mundial, más amplio geográficamente, más rápido y con niveles más elevados de deuda que cualquier otra oleada de endeudamiento pasada en tiempos de paz. Encontramos endeudamiento insostenible en países del Norte y del Sur global, y los niveles de deuda muy elevada se dan tanto en el ámbito público —con 72,7 billones de dólares (92.5% del PIB) — como privado, especialmente de empresas no financieras (con 69,3 billones de dólares, el 88.3% del PIB). También la deuda de las familias ha ido creciendo en los últimos años, especialmente en los Estados Unidos de América, el Reino Unido y en países asiáticos como Corea del Sur, Hong Kong, Tailandia, Malasia o China, reflotando la burbuja inmobiliaria.

En un sistema económico altamente financiarizado, el crecimiento económico de empresas y países se ha basado en los últimos años, especialmente desde 2020, en el endeudamiento a bajos tipos de interés.

COVID-19 COMO AGRAVANTE DE UNA CRISIS GLOBAL

El coronavirus tiene un fuerte impacto en la economía real. Nos enfrontamos a una gran bajada del consumo a nivel global, en un contexto ya de por sí de reducción de la demanda por el estancamiento de los salarios. Obviamente, en situación de confinamiento o semiconfinamiento, se deja de consumir más allá del imprescindible. El turismo se para en seco, la gente deja de comprar coches y se posponen decisiones económicas importantes. Las empresas, que ven como las ventas se reducen, dejan de invertir, pagan con retraso a proveedores o incluso posponen compras importantes de suministros o equipos. En países donde hay confinamiento total, las industrias dejan de producir y servir mercancías, provocando roturas en las cadenas de producción. El impacto del coronavirus es simultáneo tanto en la demanda como en la oferta.

Como hemos dicho, esto sucede en un contexto de elevado endeudamiento corporativo. Por lo que, a medida que los ingresos se reduzcan, las empresas tendrán más dificultades de pagar las deudas acumuladas. El riesgo se multiplica si tenemos en cuenta que en muchos casos estas deudas ya eran, antes del coronavirus, de dudosa calidad, es decir, que el número de las llamadas empresas zombi es cada vez más elevado.

Las empresas zombi son aquellas en las que los beneficios no son capaces ni de cubrir los costes financieros, es decir, que no ganan ni para cubrir los intereses de sus deudas, de forma que sobreviven gracias a las continuas refinanciaciones de la deuda. En un contexto de incertidumbre como el actual, serán pocos los inversores y entidades financieras que se arriesguen a seguir manteniéndolas a flote.

En el ámbito público, los estados necesariamente tienen que aumentar el gasto sanitario y de otros ámbitos (prestaciones del paro, ayudas sociales, etcétera) para hacer frente a la situación del coronavirus. Los ingresos se reducirán, puesto que empresas y familias comprarán menos (inferior recaudación del IVA) y ganarán menos (inferior recaudación de IRPF e impuesto sobre sociedades) y por tanto los déficits se incrementarán, aumentando los —ya elevados— niveles de deuda pública. Esto es especialmente preocupante en los países más empobrecidos, como algunos de África Subsahariana, o a otros países de rentas medias como Argentina, Líbano o Egipto, en situación ya de crisis de deuda.

Finalmente, la incertidumbre genera pánico y caídas masivas en las bolsas y, la carencia de regulación, la proliferación de fondo buitres y operaciones especulativas. La misma incertidumbre hace aumentar las primas de riesgo y por tanto incrementan los costes para los estados y empresas para refinanciar sus deudas. Todo ello en una economía financiarizada, y por tanto, altamente vulnerable a las incertidumbres y volatilidad de los mercados financieros. Y muy globalizada, donde el virus no solo no conoce fronteras, sino donde además la recesión económica se contagia rápidamente de un país al otro.

COVID-19 COMO SÍNTOMA

Hay que mencionar también la dimensión de la crisis del coronavirus como síntoma del capitalismo neoliberal y las políticas de austeridad que, durante décadas, han ido minando la capacidad del sistema sanitario para abordar una crisis como la actual. Aquellos países con mayores niveles de deuda han sido los que más han reducido sus inversiones en sanidad, y en los que la crisis del coronavirus será más difícil de afrontar. El delirio de la austeridad no solo ha afectado la capacidad de los sistemas públicos sanitarios, sino también a los niveles de protección social, incluyendo subsidios de paro, pensiones o ayudas por la población más vulnerable, no solo a nuestro país sino, especialmente, en los países más empobrecidos.

El delirio de la austeridad no solo ha afectado la capacidad de los sistemas públicos sanitarios, sino también a los niveles de protección social

La reducción de la demanda a escala global, además, provocará un mayor descenso en las exportaciones y precios de las materias primas, especialmente grave para los países del Sur. Durante décadas, el Banco Mundial y el FMI han recomendado a los países empobrecidos aprovechar sus recursos naturales para fomentar un crecimiento económico basado en exportaciones de combustibles fósiles, de minerales, soja o aceite de palma, entre muchos otros.

Tal como informa Eurodad, el número de países dependientes de la exportación de materias primas se ha incrementado de 92 al 2002 a 102 al 2017, y a causa del coronavirus habrá una reducción de más de 50.000 millones de dólares en exportaciones globales. Solo China importaba del resto del mundo, antes de la crisis, por valor de 1,7 billones de dólares. Desde el inicio de año, las importaciones en China se han reducido un 4% y los precios de materias primas han caído un 30%. La reducción de la demanda a escala global, sin lugar a dudas, reducirá los ingresos en estos países, que afrontarán —todavía más— dificultades para pagar sus deudas externas.
La Xarxa d'Economia Social i Solidaria (XES) denunciaba que el Covid19 no cae del cielo, sino que es consecuencia de un sistema capitalista patriarcal, productivista y devastador, que ha alterado el equilibrio de los ecosistemas, incluyendo virus y bacterias. El urbanismo y la deforestación asociada al desarrollo capitalista "está obligando a muchos de estos animales a migrar e instalarse cerca de los humanos, lo que multiplica las probabilidades de que microbios, que para estas especies son benignas, pasen a las personas y muten en patógenos”


Preguntas:


1. Busca el significado de los siguientes conceptos: pandemia, pymes, capitalismo, ortodoxos.

Argumenta y reflexiona sobre cada una de las siguientes preguntas de acuerdo con la lectura.

2. ¿Por qué los trabajadores están recibiendo los impactos de la crisis del capitalismo? ¿Cómo los afecta?

3. Por qué se plantea la existencia de una crisis pre existente?

4. El coronavirus ¿Es la causa de la crisis económica actual?

5. Qué ocurre actualmente con el endeudamiento de las empresas y los países?

6. Cómo se afecta la economía si se reduce el consumo de las personas?

7. ¿Qué es una empresa zombi?

8. Respecto a los hospitales y el sistema de sanidad ¿Qué ha ocurrido con los países más endeudados?








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